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Curso gratuito

Que te encuentren en Google

Cómo dejar la ficha, la web y la carta para que quien busca dónde comer entienda qué servís, en qué calle estáis y cómo se reserva.

Escríbenos. Presupuesto sin compromiso.

Carlota Fermín, Contenido y marketing

Pizza de Fame saliendo del horno

Cómo dejar el local entendible

Esta guía es para dueños y encargados de restaurantes, bares y cafeterías que quieren que les encuentren cuando alguien busca dónde comer, y prefieren entender el trabajo antes de encargarlo. No hace falta leerla del tirón. Lo práctico es abrir a la vez la ficha de Google en el móvil y la web del local en el ordenador, e ir tachando punto por punto.

Nadie puede venderos el primer puesto ni un hueco en el mapa. Google no cobra por rastrear más ni por colocaros arriba, y la cercanía de quien busca pesa mucho: a dos calles de otro local parecido, ese otro puede salir antes. Lo que sí depende de vosotros esta semana es que la ficha, la web y la puerta digan lo mismo, y que una persona pueda reservar sin tener que adivinar.

1. Qué tiene que ocurrir para que alguien os encuentre

Para que una página pueda salir en Google tienen que pasar tres cosas, y las tres se pueden estropear sin que os deis cuenta. Primero, Google tiene que encontrar la dirección. La encuentra siguiendo enlaces desde páginas que ya conoce, y también desde un sitemap, que es una lista de las direcciones que os importan. No existe un registro donde inscribir el local y ya está. Si la carta no está enlazada desde la portada y tampoco está en esa lista, es fácil que nadie llegue a ella.

Después, Google tiene que poder leer el texto. Entra en la página, la dibuja como un navegador reciente y ejecuta el JavaScript. Lo que vive solo dentro de una foto, de un PDF escaneado o de un cartel que tapa la carta no siempre se convierte en texto. Por último, tiene que decidir si esa página responde a lo que la persona ha buscado y si puede enseñarla. Una página leída puede no mostrarse. Las causas habituales son que el texto no contesta la búsqueda, que la página es floja, o que vosotros habéis pedido que no se muestre.

Ese último caso se hace con una etiqueta en la propia página, noindex, y tiene sentido en la pantalla de «gracias por reservar» o en un borrador. Bloquear la dirección en robots.txt no sirve para esconderla: eso solo impide la visita, y la dirección puede seguir apareciendo igual. Tampoco bloqueéis el CSS, el JavaScript ni las fotos que la página necesita para verse. La web tiene que abrir en https y leerse en el móvil, porque Google la mira como un teléfono. Quien tenga Search Console puede comprobar si esa lectura ha sido posible. Mandar la dirección a mano no sustituye un enlace de verdad desde la portada, y dejar esto en orden no promete que salgáis el martes.

2. La ficha: categoría, nombre del rótulo y horario de hoy

La ficha es el perfil de empresa de Google, el que se edita desde la app o desde la web de negocio. Abridla con el local delante. La categoría principal es la decisión que más confunde a quien busca: elegid la más concreta que sea verdad. Si sois una pizzería, la categoría es pizzería. Si sois una cafetería, cafetería. «Restaurante» a secas os mete en el cajón genérico. Las categorías extra, unas pocas, solo si también son verdad. Una hamburguesa suelta el jueves no os convierte en hamburguesería, y una lista larga de cosas que habéis servido alguna vez ensucia la ficha.

El nombre es el del rótulo y el de las facturas. Si el local se llama Fame, la ficha se llama Fame, y si en la puerta dice el tipo de casa, ese tipo puede ir con el nombre. Lo que no va en el nombre es una cola de palabras para intentar salir en más búsquedas. Google puede corregir ese nombre o dejaros la ficha en revisión. La dirección es la de la puerta, completa. El teléfono es el que descuelga el turno, mejor un número local. El enlace de la web abre la página donde se ven la calle, el horario y la reserva, no una retahíla de botones si ya tenéis web propia. Terminad la verificación que os pida Google. Un sello de «verificado» comprado a un tercero no es esa verificación.

El horario se rellena día a día, con el festivo y el puente ya cargados antes de que lleguen. Si alguien filtra por «abierto ahora» y el horario miente, o no salís o salís con la persiana bajada, y la reseña del día siguiente lo va a contar. El encargado que cierra es quien cambia ese horario el mismo día que cambia el servicio. En la descripción caben 750 caracteres: qué servís, en qué calle y un detalle que solo es vuestro. Si Google os propone un texto automático, leedlo en voz alta antes de publicarlo, porque suele inventar platos. El enlace de la carta y el de reservas van en la ficha. Los atributos (terraza, para llevar, reserva, acceso) son filtros para que la persona acote. Una publicación a la semana, con el menú del viernes o el cierre del festivo, le sirve a quien abre el perfil. No es un botón para subir puestos.

Si el nombre, el logo de la ficha y la web no parecen el mismo local, Cristina y Carlota pueden ordenarlo con el branding y la identidad visual. Llevamos años haciéndolo en hostelería y os preparamos una propuesta sin compromiso.

Publicación de Botequim con la tipografía y el color del local
Pieza de Botequim. El rótulo, la ficha y la web tienen que reconocerse como el mismo sitio.

3. El mismo nombre, la misma calle y el mismo teléfono

Buscad el nombre del local en Maps antes de tocar nada. Si aparecen dos chinchetas en la misma puerta, quedaos con la que tiene las reseñas y la dirección buena, y pedid a Google que una o retire la otra. Dos fichas en la misma dirección se estorban. El nombre, la calle y el teléfono de la ficha tienen que coincidir, letra a letra, con el pie de la web, con la biografía de Instagram y con la tarjeta que dejáis en la mesa. «C/» en un sitio y «Calle» en otro, o un teléfono antiguo que ya no descuelga nadie, es la forma más tonta de perder una reserva.

Cuando os mudáis o cambiáis el número, se actualiza todo la misma semana. Si la dirección de la web también cambia, quien lleve la página pone una redirección permanente de la URL vieja a la nueva. Una mudanza temporal, una reforma de un mes, puede ser una redirección temporal. Una página que dice que no encuentra nada y aun así responde como si existiera deja a la gente y a Google sin saber cuál es la buena. Elegid una sola dirección principal: con o sin www, con https, y con o sin barra final. Las otras tienen que llevar a esa.

Si tenéis la carta en inglés para quien viene de fuera, las dos páginas se señalan entre sí con hreflang, cada una declara su idioma, y la española lleva lang="es". Un local con un solo comedor no necesita una zona de servicio de veinte municipios. La dirección del local es el dato. La zona de servicio es para quien reparte o hace eventos fuera, y aun así cada ciudad que anunciéis tiene que ser un sitio al que de verdad vais.

4. Una página para cada comedor

Con un comedor bastan pocas páginas, y cada una con un trabajo: la portada dice quiénes sois, dónde estáis y cómo se reserva; la carta lista los platos; una página de cómo llegar repite la calle, el transporte y si hay terraza. Google agrupa las páginas que dicen lo mismo y enseña una. Las otras quedan de reserva. No es una multa. Es que vosotros dejáis de saber cuál va a salir, y la persona tampoco sabe en cuál fiarse.

Una segunda dirección, con su propio horario y su propia carta, sí merece su propia página y su propia ficha. Lo que no merece página es cada barrio o cada forma de preguntar lo mismo. «Pizzería en Alcalá», «pizzería en Getafe» y «pizzería cerca de mí», con el mismo párrafo y el pueblo cambiado, no ayudan a nadie si allí no tenéis puerta. Fabricar muchas páginas así, a mano o con un chat, para cazar búsquedas, es contenido a escala. Google puede tratarlo como abuso. La dirección de la página, además, tiene que entenderse: /carta dice qué hay dentro. Un código opaco no le sirve ni a la persona ni a la miga de pan del resultado.

Tampoco hace falta una página nueva cada vez que cambia una palabra de la búsqueda. Los sistemas entienden que «dónde comer pizza» y «pizzería» pueden llevar a la misma carta, si esa carta está bien escrita. Publicar más URLs para parecer activos, o cambiar la fecha de una página que no habéis tocado, no mejora el local. El sitemap lista la portada, la carta y cómo llegar. No limita el rastreo a esa lista. Si una URL sobra, se redirige o se le pone noindex, y se quita de la lista.

5. El título y las dos frases que se ven antes de entrar

El título es la línea azul del resultado. Tiene que ser único de esa página, corto de leer y cierto. En la portada puede ir el nombre y lo que sois: «Fame, pizzería en Madrid». En la carta, «Carta de temporada | Fame». «Inicio», un título copiado en todas las páginas, o una ristra del tipo «restaurante restaurante madrid mejor comida», no le dicen a nadie si le merece la pena entrar. Google construye esa línea con la etiqueta title y con los encabezados de la página. Si el título dice una cosa y el h1 otra, puede salir cualquiera de las dos, o una mezcla. Que coincidan en lo importante.

Debajo va un fragmento de texto. A veces Google usa la descripción que habéis escrito. Muchas veces cita una frase de la propia página. Por eso el primer párrafo de cada página ya tiene que decir lo útil: qué se sirve, en qué calle, y cómo se reserva. La meta descripción son una o dos frases solo de esa página, con el dato que ayuda a decidir el clic. No es un calco del título ni un texto pegado igual en la carta, la portada y el blog. Una etiqueta keywords escondida con sinónimos no la usa Google. Repetir la misma frase para intentar colocarse es relleno, y se nota al leer en voz alta.

El encabezado resume la página. Si promete «la mejor pizza de la ciudad» y el cuerpo no enseña nada que sostenga esa frase, el título miente. Un buen encabezado es el que diríais en la puerta. El orden de los encabezados ayuda a quien usa un lector de pantalla. Google no os pide un número mágico de h2. Los encabezados nombran trozos para una persona: «Cómo reservar la terraza», no una variante de búsqueda por barrio.

6. Horario, precios y alérgenos escritos, no solo fotografiados

El horario, el precio, la dirección y la oferta del día tienen que estar escritos en la página, al lado de la foto. Una foto preciosa de la pizarra, o la carta entera en un JPG, deja esos datos mudos. Quien entra en el móvil hace zoom y se rinde. Google puede no leer el número. Al lado de la foto de una pizza como las que salen del horno en Fame, el párrafo dice el nombre del plato, qué lleva, el precio de hoy y si hace falta avisar de un alérgeno. Ese precio es el de la carta vigente. Si el plato se acaba en el pase, se actualiza el texto el mismo servicio, igual que se tacha en la pizarra.

La página tiene que poder usarse en cuanto carga. Un cartel de newsletter o de cookies tapando la carta, antes de que se pueda leer o reservar, estorba. La persona que escribe la carta es quien ha estado en el pase, no un texto genérico de «ven a vivir una velada». Dos o tres datos concretos, el punto de la masa, el día de mercado, si la terraza se cierra cuando llueve, valen más que un párrafo de adjetivos. Si el artículo del blog lo firma alguien, ese nombre es una persona real del local y el enlace lleva a una bio corta. Un chef inventado, con foto de archivo y años de oficio que nadie puede comprobar, es un engaño.

Si la carta digital sigue siendo un PDF o una foto, podemos dejarla escrita y con fotos de verdad en el menú digital para restaurantes. Presupuesto sin compromiso, con la carta del local delante.

Desayuno de Botequim en la mesa
Desayuno de Botequim. En la web, el plato se nombra y se pone el precio al lado de la foto.

7. La foto al lado del plato del que habla

Cada foto que informa lleva un texto alternativo de una frase, dicho para esta página: «Pizza de Fame saliendo del horno». El nombre del archivo, IMG_1234, o una lista de palabras sueltas no describen nada. Si la imagen es adorno y el texto de al lado ya cuenta la historia, el alt puede ir vacío. La foto se coloca junto al párrafo del plato, no en un bloque genérico reutilizado en todas las URLs. En la ficha de Google subid fachada, sala, equipo, logo y los platos que están en carta esta semana. Unas fotos recientes del comedor le sirven más a quien va a venir que un álbum de hace dos años. Poner coordenadas dentro del archivo no cambia cómo os ve Google.

La foto es del plato que sale de vuestra cocina. Una imagen generada de una pizza que no habéis horneado no es la pizza del local, y en la ficha de un producto esa imagen tendría que marcarse como creada por un modelo. En un restaurante, lo que reserva mesa es la foto del pase de esta semana, como las que hacemos en Barra Amelia. Quien sube las fotos a la ficha puede ser el mismo encargado que actualiza el horario. Quien hace la sesión, si no podéis parar el servicio, es otra conversación.

Si los platos en la web y en la ficha no se parecen a lo que sale a la mesa, Cristina puede ir al local con el servicio de fotografía gastronómica. Llevamos años en sala y os pasamos un presupuesto sin compromiso.

Plato en el pase de Barra Amelia, fotografiado para la carta y para la ficha
Pase de Barra Amelia. La misma foto puede ir en la carta, al lado del nombre del plato.

8. Enlaces que dicen a dónde van

El texto del enlace dice qué hay al otro lado. «Ver la carta de temporada» lleva a la carta. «Cómo llegar al local» lleva al mapa y a la calle. «Pulsa aquí», «más info» o la URL pelada obligan a adivinar. Google sigue enlaces de verdad, los que en la página son una etiqueta <a href> con una dirección. Un botón que solo funciona con un script, y que no tiene enlace debajo, puede dejar esa página invisible. La portada enlaza la carta, el horario y la reserva. La carta enlaza de vuelta a cómo reservar.

Si pagáis un enlace en otro sitio, ese enlace lleva rel="sponsored". Si el enlace lo ha puesto un cliente en un comentario, rel="ugc". Si no os fiáis del destino, nofollow. Así esa web no os arrastra y vosotros no le prestáis vuestra reputación. Cuando afirmáis algo que ya explicáis en otra página vuestra, enlazadla. «Tenemos terraza» puede llevar a la frase de la portada donde decís hasta qué hora se sirve fuera.

9. Reseñas de quien se ha sentado a la mesa

Las reseñas las escriben las personas que han comido. Pedidlas igual a todas las mesas que han cerrado la cuenta, con un QR en el ticket o en la mesa, no solo a quien ya os ha dicho que estaba encantado. Filtrar a quién invitáis según la nota que creéis que os va a poner va contra las normas de Google. Comprar reseñas, o escribirlas vosotros desde el móvil del equipo, también. Google retira reseñas que incumplen las políticas, incluidas algunas de cinco estrellas. Una nota inventada en la web, con estrellas que la página no enseña, no se pone ni en el texto ni en los datos escondidos.

Contestadas, las reseñas enseñan cómo es la casa. Quien responde, el encargado o quien lleve la sala, menciona el plato que ha nombrado el cliente y, si algo falló, dice qué habéis cambiado en el siguiente servicio. Un «gracias por tu visita, te esperamos pronto» copiado en todas suena a buzón. Las preguntas que antes vivían en el apartado de preguntas de la ficha están desapareciendo de ahí. La respuesta útil, cómo se reserva la terraza, si hacéis sin gluten de verdad, va escrita en la web, donde la puede leer cualquiera sin abrir la app.

Si preferís que la web, la ficha y la carta las dejemos alineadas nosotros, Carlota puede verlo dentro de la agencia de marketing. Os contamos qué haríamos en vuestro local y el presupuesto es sin compromiso.

10. Si un chat os ayuda a redactar

Usar un chat para ordenar ideas o para un primer borrador de la carta en inglés está bien. Publicar ese borrador con un retoque ligero y darlo por escrito vuestro, no. El modelo predice palabras. No ha estado en vuestro pase y no sabe el precio de hoy ni si el postre lleva frutos secos. Antes de publicar, alguien de la cocina lee cada plato, cada precio, cada alérgeno y cada hora, en voz alta, con la carta de papel al lado.

Si el texto lo ha escrito en buena parte una herramienta, una línea basta donde tenga sentido: lo preparó un chat y lo revisó el equipo de sala. Firmarlo con un experto que no trabaja allí tapa el proceso y engaña a quien reserva. Lo que merece la pena añadir es el dato que solo vosotros tenéis. El día que cambia la carta después del mercado. La mesa que no se puede reservar porque es la de siempre de la barra. Eso no lo adivina un modelo, y es lo que distingue vuestra página de otras veinte que dicen lo mismo.

El mismo criterio vale para las páginas. Un chat puede ayudaros a redactar la carta de vuestro comedor. No le pidáis treinta versiones, una por municipio, cambiando solo el nombre del pueblo. Si la página no le sirve a alguien que entra directo, sin haber buscado nada, no la publiquéis.

11. Cuando la búsqueda responde con un resumen

Las respuestas generadas en la búsqueda de Google, los resúmenes y el modo de preguntar, usan los mismos sistemas de calidad que el resto de la búsqueda. No es un oficio aparte, y no hace falta reescribir la web en un estilo especial para una máquina, ni trocear cada párrafo, ni meter todas las formas largas de la misma pregunta. Esos sistemas pueden usar un trozo de una página larga. No hay una longitud ideal. Un archivo extra creado solo para que «la inteligencia artificial lea la web» no cambia cómo os trata la búsqueda de Google.

Lo que destaca, cuando se comparan muchas fuentes, es el detalle vuestro. «Siete consejos para elegir restaurante» lo puede escribir cualquiera. «La terraza se cierra cuando llueve y el último turno de cocina es a las once» solo lo podéis escribir vosotros, y tiene que ser verdad. Comprar menciones para que el nombre salga en una respuesta automática no es un camino. Tampoco lo es un bloque de datos añadido solo con esa esperanza: los datos estructurados no son el requisito para esos resúmenes.

Para poder ser citados, la página tiene que poder indexarse y poder mostrar un fragmento. Un noindex o un nosnippet en la carta lo impide. Cumplir eso no garantiza salir en el resumen. Quien tenga Search Console puede mirar si el sitio está incluido en las funciones generativas. Si no tenéis acceso, pedidle a quien lleve la web que lo mire. No es una palanca de puestos.

12. Un bloque de datos que repite lo que ya se lee

Además del texto visible, la portada puede llevar un bloque JSON-LD, dentro de un <script type="application/ld+json">, que le dice a Google qué tipo de sitio sois. El tipo que encaja es el que el cliente reconoce: Restaurant, CafeOrCoffeeShop o BarOrPub. La categoría «pizzería» de la ficha de Google es otra lista, la de la app. En la web, el bloque copia lo que ya se lee: nombre, dirección, teléfono, horario, enlace a la carta y, si la página lo dice, el tipo de cocina. Si un dato no está escrito para el cliente, no entra en el bloque. Menos campos, ciertos, valen más que un bloque largo inventado.

No metáis una nota media ni un número de reseñas que la página no enseña. No añadáis un bloque de preguntas frecuentes al final de la carta para perseguir un recuadro en Google: ese recuadro dejó de mostrarse. Si un cliente pregunta de verdad cómo se reserva la terraza, la respuesta va en el texto de la página. Marcar la receta de la masa como un tutorial tampoco consigue un resultado especial. Quien monte el bloque lo prueba en la prueba de resultados enriquecidos. Que la prueba no dé error no significa que el recuadro vaya a salir. El cliente sigue teniendo que ver el horario en la página, no solo dentro del código.

Plantilla para dejar la ficha y la web alineadas

Podéis copiar esta ficha en las notas y rellenarla con la app de Google y la web abiertas. El mismo día que cambiéis un dato, se cambia en los dos sitios.

FICHA DE GOOGLE
Nombre tal como está en el rótulo y en las facturas:
Categoría principal (la más concreta que sea verdad):
Categorías extra (solo si también son verdad):
Dirección completa:
Teléfono que descuelga el turno:
Horario de lunes a domingo:
Próximo festivo o puente (horario especial ya cargado):
Enlace de la web (la página con calle, horario y reserva):
Enlace de la carta:
Enlace de reservas:
Descripción (máximo 750 caracteres, leída en voz alta):
Atributos reales (terraza, para llevar, reserva, acceso):
Fotos de esta semana (fachada, sala, equipo, platos en carta):
¿Hay otra chincheta en la misma puerta? Qué se hace con ella:
Persona que actualiza el horario cuando cambia el servicio:

WEB
Dirección principal (https, con o sin www, una sola):
Title de la portada:
Title de la carta:
Primer párrafo de la portada (qué servís, calle, cómo reservar):
Platos con nombre, precio de hoy y alérgenos escritos, no solo en foto:
Página de gracias o borrador con noindex:
Carta en otro idioma: las dos páginas se enlazan entre sí
Bloque de datos: solo campos que ya se leen en la página
Quién revisa precios y alérgenos antes de publicar:
Quién responde las reseñas esta semana:

¿Preferís que lo dejemos nosotras?

Si el día a día de la sala no deja hueco para cuadrar la ficha, la carta y los textos, lo vemos en el estudio. Podéis mirar cómo trabajamos la agencia de marketing o encargar la carta digital para que deje de ser una foto. Si el hueco está en Instagram, el otro curso es Gestiona el Instagram de tu negocio.

Menos copias, más mesas.

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