¿Qué debe incluir una sesión de fotos gastronómicas para menú, Google y redes sociales?
Una sola visita tiene que salir con archivos para los tres sitios: carta, ficha de Google y redes. En tuinsta.design eso significa platos reales, sala, unos retratos si el equipo sale, y versiones horizontal y vertical con el uso escrito. Si la sesión solo deja un feed bonito, la carta y Google siguen viejos.
La carta pide el plato reconocible, con la ración real y un recorte que aguante impreso o en el QR. Google Business pide fachada, sala, barra y comida, porque quien busca “cerca de mí” decide con esas fotos antes de llamar. Las redes piden vertical, detalle y una secuencia corta, no el mismo horizontal recortado a la fuerza.
Si no se acuerda esa lista antes del día, se fotografían veinte platos y no queda ni una toma de la puerta. Luego hay que volver. Mejor decidir con cocina qué es héroe y qué puede esperar a otra visita.
Platos que están en la carta y en el delivery, recién emplatados.
Una mesa puesta y un plano de sala con la luz del servicio.
Fachada o entrada, para que Google coincida con la calle.
Detalle de barra, bebida o postre si eso es lo que se pide.
Retrato breve de quien cocina o sirve, con permiso.
Horizontal para web y carta, vertical para historias y reels.
Qué va en la entrega y qué no
La entrega son fotos editadas, con nombre claro y tamaño útil para web y para impresión razonable de carta. El retoque quita distracciones, no inventa un plato. El plazo se dice el día de la visita. Los archivos en bruto no son el encargo salvo que se pacte: lo que publicas es lo editado.
No entra, salvo que se pida, un vídeo largo, un rediseño de la carta ni la publicación en redes. Eso lo puede hacer el mismo equipo —Carlota trabaja el banco después—, pero es otra línea del encargo y tiene que verse en la propuesta.
Derechos y formatos, por escrito
Los usos que un restaurante necesita de verdad son web, carta impresa o digital, Google Business, redes del local y anuncios de ese local. Si el contrato dice solo “portfolio del fotógrafo”, no puedes pautar. Pide la cesión de esos usos comerciales en el mismo documento que el precio.
Pide también las dos orientaciones. Un horizontal precioso no salva una historia. Y al revés: un vertical no abre bien una cabecera de web. En la sesión se prevén las dos, no se recorta después hasta cortar el plato.
Para qué sirve cada tipo de toma
Toma
Dónde vive
Plato héroe, horizontal
Carta, web, anuncio
El mismo plato, vertical
Historias, reel, estado
Sala y fachada
Google Business y la web
Equipo en el pase
Redes y la página de la casa
Detalle de bebida o postre
Carta y publicación de impulso
El orden del día en el local
Primero se fija la lista con cocina. Luego se fotografía en el momento en que el plato saldría a mesa, no media hora después. La sala se hace cuando la luz acompaña, a menudo antes del servicio o en un hueco acordado. El equipo entra al final, en un gesto real, no en una fila.
Cristina Osuna dirige ese orden en el restaurante. Si quieres la lista adaptada a tu carta, mándala por WhatsApp. Decimos qué entra en la visita y qué sobra para no pagar tomas que nadie va a publicar.
Después de la entrega, para que no se quede en una carpeta
El mismo día que llegan los archivos, alguien del local tiene que saber cuál abre la carta, cuál va a Google y cuál es la vertical de la historia. Si eso no se etiqueta, a las dos semanas se publica la toma menos útil porque era la primera de la carpeta. En la entrega dejamos los usos claros precisamente para evitar ese sorteo.
Carlota puede seguir con ese banco en redes, pero solo si el local quiere esa línea. No es automática ni está escondida en la sesión de fotos. Si la quieres, se dice. Si no, con la lista de tomas y los derechos escritos el restaurante ya puede actualizar carta, ficha y perfil sin volver a disparar el mismo plato al día siguiente.
Si tu carta cambia por temporada, no rehagas todo. Marca los platos que han muerto y los que entran, y la siguiente visita es corta. La sesión completa es para cuando la sala también ha cambiado, no cada vez que sale un postre nuevo.