¿Qué pasa si el socio no aprueba el concepto?
Se vuelve a la nota de encargo y se señala qué punto no cumple, no se abre un tercer camino por gusto. Si no hay una persona con la última palabra, el rótulo no se encarga. Antes de enseñar nada, escribid quién decide y qué objeción vale: que no se lea, que no sea el local, que no quepa. «No me gusta» sin ese punto no reabre el trabajo. Un socio aprueba y el otro filtra el logo por el grupo familiar. El proyecto entra en semanas de matices y la apertura usa la carta vieja. Una ronda de ajuste contra el punto escrito, o la pausa hasta que los socios cierren quién manda. El alcance no suma opciones infinitas.