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¿Cada cuánto refrescar la identidad visual?

Se refresca cuando cambia el servicio, la sala o el público, y el rótulo sigue contando el local anterior. Si solo aburre el color y la puerta ya coincide con la carta, tocarlo ahora despista a quien ya os reconoce. Pon en la mesa el rótulo, la carta vigente y la ficha de Google, y marca qué pieza miente. Anota la fecha del último cambio real de sala o de oferta, no la del último post. En clínicas de Madrid se cambia el logo cada temporada y el paciente deja de reconocer la puerta. En bares de la sierra se deja el rótulo de hace diez años encima de una carta que ya es otra.

Cristina Osuna deja el signo, la paleta sacada del local y una hoja de uso fechada, con lo que se queda y lo que se retira. Si no cambió el servicio, esa hoja dice que no se toca.